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Aquatló d’Hivern Port d’Aiguadolç: La esencia del deporte
3Me levanto antes de que suene el despertador, sin agobios. Desayuno con calma contemplando Sant Ramon a
través de la ventana de la cocina. Montserrat se recorta al fondo, un día claro de primeros de diciembre. Me equipo de ciclismo y coloco las zapatillas de correr y el mono de triatlón en la mochila. Bajo al portal, dos amigos esperan. Salimos hacia Sitges en nuestras bicis. No hay prisa, vamos con tiempo, pero no nos gusta ir dormidos. Seguramente no hay en toda Europa una carretera tan agradable de hacer en bicicleta en invierno como las Costas de Garraf, el sol te acaricia y la vista del mar hace más llevadera la Mala Dona. Llegamos al Port de l’Aiguadolç con las “patas” calientes pero sin cansancio. Nos cambiamos de ropa, mono de triatlón los cautos y bañador los valientes, aquí no huele a neopreno. Solventamos un par de errores en las listas de inscritos y nos pintan el dorsal en el brazo izquierdo. Siempre que veo un número rotulado en mi brazo siento algo especial, sólo en los acuatlones y en las grandes pruebas lo hacen. Somos de los últimos en llegar, apenas tenemos tiempo de saludar a un par de compañeros y nos vamos hacia la salida al otro extremo del puerto. Faltan apenas 50 m. para llegar y escuchamos un silbato: ¡acaban de dar la salida! Así que esprintamos (descalzos) y nos tiramos al agua cuando el participante de la cola nos saca ya unos cuantos cuerpos, no digamos los primeros. El frío produce dolor, pero no he tenido tiempo de pensar en tirarme,
todo ha sido demasiado precipitado. Nado tan rápido como puedo pensando que así acabará antes este gélido infierno, así que acabo adelantando gente. Me calzo las zapatillas, siento tanto frío que prefiero no sentarme, y salgo corriendo nuevamente tan rápido como puedo. La distancia no es mucha, apenas un kilómetro, pero los músculos están tensos. Consigo adelantar alguno más antes de pasar por el arco de meta. Sin chip, como antaño, apuntan mi dorsal en un folio. Chocolate caliente y entrega de trofeos. Excelente organización del C.N. Sitges. Foto de grupo, saludos (esta vez sí). Agradable café con leche al sol en una terraza del puerto. Volvemos a coger las bicis, y camino de casa. Ahora sí podemos calentar algo más el cuerpo, y se nota que volvemos más rápidos por las costas. Al llegar nuevamente al llano, paseo marítimo y carreteras secundarias para circular en paralelo charlando amigablemente. Una mañana deportiva, en esencia, competición sana y sin aglomeraciones. No importa el primero ni el último, todos hemos batallado contra el frío en igual medida. Me gusta el deporte y me gusta el Triatlón.

Parafraseando a García Márquez (I): Yo no vengo a decir un discurso.
2Cosas sin contar, unas veces por falta de tiempo, otras por falta de ánimo. Escribir un blog es como lanzar al mar un mensaje en una botella, no sabes si tendrá destinatario y para el caso, si le interesará. Sin embargo iré actualizando y poniendo al día con alguna historia que se quedó en el tintero. Pero yo no vengo a decir un discurso, os presento a mi nueva compañera que ya está en casa.
Quebrantahuesos 2011
1Esperando en una cumbre, siendo esperado en otra. Implorando no volver a serlo. Disfrutando, compartiendo, sufiriendo… sufriendo… Extraño mecanismo el que mueve las bielas, extraños impulsos que te obligan a seguir pedaleando. En marcha maldiciendo el día y el lugar, a la llegada deseando volver. Otra prueba, otro destino, otra experiencia. Quebrantahuesos 2011.
Un pingüino en mi ascensor
4
Salgo de casa a las 8 y media de la mañana dispuesto a pasar unas horas montando en bici. Con el paso de los años he llegado a concluir que el ciclismo es mi deporte favorito, y sobre todo el de carretera. Anoche no había quedado con nadie, así que en el último momento envié un mail al insigne Paco (recomiendo encarecidamente su blog) para ver si se animaba a salir con su nueva bici de segunda mano. No las tenía todas conmigo, así que lo “engañé” proponiéndole una salida suave. Con un sólo día de asfalto rodado en sus piernas no sospechaba que pudiera venir, máxime con los años que hace que me conoce y mi posterior mensaje tras confirmar que venía: “trae dos bidones y comida, barritas o plátano”. El mensaje ya sonaba a emboscada, así que no se acepta como excusa que no sabía dónde se metía, “se va a vé en un follón que no sabe ande s’ha metío”. Aún y así aceptó. Cinco minutos después de salir de casa llego a casa de Paco, y ahí está, el pingüino en el ascensor. Fiel a su espíritu montañero, el apodado “King of the Trail” calza botas y porta casco de BTT, cortavientos de regalo de la Cursa dels Nassos, y lo mejor de todo, y que hace que se me escape con descaro una carcajada, mochila de hidratación de “trail runner” a la espalda. “No tengo maillot de bici”. De tal fila partimos hacia el sur, buscando quizá algo del sol que no lucía en ese momento. Mi idea es alargar la salida tanto cómo me sea posible, pero sin llegar a extenuarlo. Controlando el ritmo y viendo cómo responde alargaré o acortaré la ruta y su dificultad. Pero finalmente mi sorpresa ha sido mayúscula, su espíritu de maratoniano le ha hecho superar las dificultades técnicas y de adaptación a la máquina, y ha mentenido un ritmo envidiable para muchos de los que se apodan ciclistas o triatletas, sobre todo en su primer día. Hemos sido adelantados por algún grupo, sí, pero también hemos adelantado algún otro. Entre conversaciones sobre Heráclito, la Teoría de las Cuerdas y alguna que otra banalidad lo he llevado a dar la “volta de les tres comarques”, esto es, Baix Llobregat (El Prat), Garraf (Sitges) y Penedès (Avinyonet), volviendo por Olesa de Bonesvalls y Begues. 103 kms. totales con un desnivel acumulado de 1100 mts. en algo más de 4 horas ponen un nuevo mote a mi amigo King of the Trail, el de “Prince of the Road”. Esperamos verte mucho más “on the road again”, bienvenido al mágico mundo del Ciclismo (en mayúscula)
“La vida sobre ruedas” de Miguel Delibes
4Siguiendo con lecturas relacionadas con nuestro deporte, otra recomendación: “La vida sobre ruedas” , de Miguel Delibes. Un fragmento del capítulo “Mi querida bicicleta”:
“Nada desanima tanto a un corredor como observar que el contrincante realiza con la sonrisa en los labios algo que a él le supone un esfuerzo sobrehumano. Ponerme la máscara fue el secreto de mi éxito como escalador: ni piernas, ni bofes, ni garambainas. A mí me costaba subir el repecho de Boecillo tanto como a José Luis Fando, el gordo de la clase, pero lo disimulaba y mis compañeros, al verse rebasados por un tipo alacre, que no se quejaba, a quien no le dolían los muslos ni se le aceleraba el corazón, se sentían descorazonados y se sentaban en la curva a charlar un rato y descansar, en tanto yo coronaba el cerro en solitario, de un tirón. Pero, al rebasar la cumbre, me tumbaba boca abajo a la sombra de una acacia y sujetaba el corazón contra el suelo para que no se me escapase del pecho. Luego, al llegar a casa, no podía comer, tenía que meterme en cama un ratito hasta que se me pasara el sofoco”





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