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Behobia – San Sebastián
31 fin de semana. 3 amigos. 1128 kilómetros en coche. 4 paradas. 3 días. 2 noches. 6 comidas. 36 cañas. 60 pinchos. 5 camas. 2 habitaciones. 23 grados de temperatura en noviembre. 20 kilómetros corriendo. 19.877 corredores. 370 atletas atendidos. 16 hospitaizados. 60.000 personas animando. Behobia-San Sebastián.
Parafraseando a García Márquez (II): Crónica de una muerte anunciada
4
15 de julio de 2011. Andorra Ultra-Trail. Cuentan que conociendo de antemano el suplicio, éste se torna soportable. Estaba preparado para sufrir, pero no lo estaba para abandonar. La falta de forma debía ser suplida con el ánimo y la compañía, pero dónde la mente empujaba la articulación cedía. Ejército de luciérnagas en hilera, corriendo cuando deberíamos dormir y despertando de un sueño al amanecer. Pero el sueño es real y debes volver a correr, trotar, subir, bajar… interminable sucesión de picos y trialeras, valles, lagos, viento, frío, calor, sudor y lágrimas. 103 kms. que se quedaron en 76, dolor físico y moral, alegría por los compañeros que suple la tristeza. Espectáculo de la naturaleza, encontrando el límite y conviviendo con él. Fin de semana inolvidable, el amargo sabor de la derrota. Crónica de una muerte anunciada.
Extreme Man Salou 2011
6El objetivo está fijado, las dificultades serán múltiples. La pereza brota pese a no ser sembrada, el abono para la mala hierba cae de todas partes. Aún y así, abandonando la idea del Embrunman 2011 por la dificultad de conjugar la prueba con las vacaciones familiares, insisto en retarme a un nuevo objetivo en distancia Ironman para este año, Extreme-Man Salou 2011 (http://www.extreme-man.com/emsalou/home_esp.html) 3800 mtrs. nadando, 180 kms. en bicicleta con un perfil como a mi me gusta (ligeramente complicado, muy al estilo del Ironman de Niza) y 42 kms. corriendo bajo el sol para completar otro día glorioso el próximo 5 de junio.
15 días más tarde me enfrentaré a la prueba cicloturista más emblemática de España, la Quebrantahuesos. Pero eso será después.
Blog Restaurado
1Después de casi un día inactivo por culpa de una actualización con errorres de WordPress, el blog está nuevamente operativo. Las reparaciones han funcionado.
Rat Penat
5Ojalá me hubiera atrevido antes…
Siempre has estado ahí, altiva, con la mirada por encima de los mortales. Mucho tiempo atrás, siendo más joven intenté conquistarte, doblegarte ante mi como otros hicieran, pero fui yo quién cayó derrotado y humillado.
Desde entonces te seguía viendo al pasar cerca de ti, pero aparentaba no verte, aunque siempre al conquistar a otra miraba en tu dirección para contemplarte, ni que fuera fugazmente y de reojo, y fingir que no me importabas.
Pero hoy he decidido volver a por ti, seguro de conseguir la victoria aunque sin nada que perder… y a pesar de casi desfallecer, finalmente has caído bajo mis pies dejándote acariciar y querer como sólo tú sabes hacerlo, el esfuerzo no es tanto cuando la pasión intermedia.
Hoy me he enamorado de ti, montaña indomable, y prometo que volveré a mirarte fijamente a los ojos en el lugar donde los hombres mueren y los niños sueñan.
Ironman France 2010. Aventura en Niza
17Toda una vida en 12 horas y 30 minutos. Crónica del Ironman de Francia.
Extraño sonido en extraño lugar a extraña hora. Remolonear es declarado inaceptable. Alimentación automática en la oscuridad. Beso de partida, el Gladiador salta a la arena mientras los niños duermen. Zombies enfundados en goma hasta la cintura deambulan por un campo de ciclos. Kilogramos de aire comprimido ceban tubulares y cubiertas. Algún saludo, alguna palmada en el hombro. Rostros serios, solemnes, casi dramáticos. Soldados preparándose para la batalla, el futuro es incierto. Movimiento de tropas hacia la playa colocando bien los uniformes antes de la revista. Las bromas son tímidas. Extraños vestidos y extraños gorros en extraño lugar a extraña hora. Resuenan trompetas y fanfarrias en forma de Black Eyed Peas, I gotta feeling, that tonight gonna be a good night… lo que todos desean convertido en himno. Gritos, palmas, nervios contenidos, abrazos de camaradería, deseos sinceros de Suerte y Fuerza. Recuerdos a los amigos ausentes pero presentes, repetición de frases rituales. He entrenado todo lo que he podido.
La bocina marca el inicio del tiempo, da comienzo la creación del artista, la sábana destapa el lienzo y el pincel dibuja brotes de espuma blanca y topos azules en la balsa plateada. No hay prisa por entrar: los últimos serán los primeros dijo el profeta. Conseguir que la máquina trabaje acompasada se hace imposible. Alboroto y golpes, buscas el espacio libre e inicias el viaje. Al respirar por la izquierda el sol asoma y refleja en el agua, hermoso amanecer que queda en nada por no haber tiempo de ser contemplado. Sin percatarte llegas de nuevo a la orilla. Las brazadas se detienen, la posición se vuelve vertical y los escuderos allí dispuestos ayudan a levantar a los caballeros. Los pasos son autónomos y las ovejas rodean el redil siguiendo las órdenes del pastor. Vuelta al líquido sin dar tiempo a pensar en otra posibilidad. Nuevamente embates y tumulto, hay que buscar la libertad aunque suponga alargar la ruta y desviarse del sendero virtual. ¡Soldado, vuelva a la formación! Un teniente montado en su canoa no consiente deserciones, ni siquiera involuntarias. Brazadas, brazadas, brazadas. De nuevo en tierra, el trámite está cumplido. 1 hora y 21 minutos, la travesía y el desembarco concluido. Corre, corre, corre, busca tus alforjas.
Calza las espuelas y cubre la testa con el yelmo, el sol despunta y el ciclo espera nervioso. Corre, corre, corre, monta al animal en el lugar indicado. La bota encaja en el estribo, la cala en el pedal, el sóleo en la biela. La carne se funde con el carbono y la máquina empieza a trabajar. Las manos acarician los cuernos de la bestia, la joroba marca el punto más alto de la sombra. Monótona cadencia hasta el inicio de la tortura, devorando asfalto y dejando atrás amigos y enemigos: no vuelvas la mirada, no ceses en tu empeño. Una explosión a pocos metros, un obús inesperado. Sales del cráter, 25 dientes contra el 12%. Sigue la tortura, un puerto, dos puertos, tres puertos,… escaladores especialistas, trapecistas extremos, tímidas sonrisas al pasar o al ser pasado, complicidad en el sufrimiento, compartiendo alojamiento en el Hotel Botero. Luego la ilusión del falso llano, el oasis era un espejismo. Y llega tu momento, para eso has sido llamado. Cogido abajo y escuchando los silbidos empiezas el descenso, TU DESCENSO: pero recuerdas palabras de alguien más sabio que tú y detienes las pedaladas, no sin pesadumbre… Acoplado al viento avanzas y avanzas y avanzas, y llegas al lugar en que Eolo se torna enemigo, dónde los malos pensamientos se reparten aleatoriamente entre los desprotegidos cerebros. No has cesado de ingerir alimento y líquido bajo la dictadura del computador, pero el músculo empieza a tener sus propios pensamientos revolucionarios. 6 horas y 37 minutos, más de media vida en la carretera.
Otra vez en la playa, deja la montura al escudero, corre, corre, corre, busca otro petate. Calza las botas de siete leguas y sal a correr. No pienses, sólo corre, corre, corre. O mejor piensa, piensa en el consejo de otro sabio, no debes nunca andar. Corre, corre, corre. Un kilómetro, y otro, y otro, y media vuelta. Caen los geles y los parciales, el brebaje reparador, el agua refrigerante en la gorra, el sol en lo alto. ¿Cómo vas? Misivas de los que te quieren y se preocupan, y se emocionan, y dan otro giro al paseo contigo, y tú lo das por ellos. Respondes que bien, o con un gesto, o con un grito o con una sonrisa. No llores, no puedes llorar, no debes llorar, corre, corre, corre. Anima a los moribundos conocidos, contágiate de los vivos para recuperarte, muere otra vez y vuelve a resucitar, muere y resucita… Corre, corre, corre. El final está cerca, la liberación del espíritu. La mano de tu hijo se une a la tuya, la alfombra azul está a la vista, las pulseras en la muñeca señalan el camino a la gloria. 4 horas y 10 minutos más, levanta en brazos al pequeño y grita lo que te plazca.
El fotógrafo inmortaliza el momento, detiene el tiempo por un instante. Alguien te felicita, se interesa, y otros cuelgan de tu cuello el medallón, acaso el símbolo de la Victoria, acaso el salario en oro del mercenario. Ahora puedes llorar, ahora sí puedes llorar, los Hombres de Hierro lloran pero nunca lamentan. Toda una vida en 12 horas y 30 minutos.
Lluís Mijoler.
Niza, 27 de junio de 2010
Toda una vida en 12 horas y 30 minutos. Crónica del Ironman de Francia.
Extraño sonido en extraño lugar a extraña hora. Remolonear es declarado inaceptable. Alimentación automática en la oscuridad. Beso de partida, el Gladiador salta a la arena mientras los niños duermen. Zombies enfundados en goma hasta la cintura deambulan por un campo de ciclos. Kilogramos de aire comprimido ceban tubulares y cubiertas. Algún saludo, alguna palmada en el hombro. Rostros serios, solemnes, casi dramáticos. Soldados preparándose para la batalla, el futuro es incierto. Movimiento de tropas hacia la playa colocando bien los uniformes antes de la revista. Las bromas son tímidas. Extraños vestidos y extraños gorros en extraño lugar a extraña hora. Resuenan trompetas y fanfarrias en forma de Black Eyed Peas, I gotta feeling, that tonight gonna be a good night… lo que todos desean convertido en himno. Gritos, palmas, nervios contenidos, abrazos de camaradería, deseos sinceros de Suerte y Fuerza. Recuerdos a los amigos ausentes pero presentes, repetición de frases rituales. He entrenado todo lo que he podido.
La bocina marca el inicio del tiempo, da comienzo la creación del artista, la sábana destapa el lienzo y el pincel dibuja brotes de espuma blanca y topos azules en la balsa plateada. No hay prisa por entrar: los últimos serán los primeros dijo el profeta. Conseguir que la máquina trabaje acompasada se hace imposible. Alboroto y golpes, buscas el espacio libre e inicias el viaje. Al respirar por la izquierda el sol asoma y refleja en el agua, hermoso amanecer que queda en nada por no haber tiempo de ser contemplado. Sin percatarte llegas de nuevo a la orilla. Las brazadas se detienen, la posición se vuelve vertical y los escuderos allí dispuestos ayudan a levantar a los caballeros. Los pasos son autónomos y las ovejas rodean el redil siguiendo las órdenes del pastor. Vuelta al líquido sin dar tiempo a pensar en otra posibilidad. Nuevamente embates y tumulto, hay que buscar la libertad aunque suponga alargar la ruta y desviarse del sendero virtual. ¡Soldado, vuelva a la formación! Un teniente montado en su canoa no consiente deserciones, ni siquiera involuntarias. Brazadas, brazadas, brazadas. De nuevo en tierra, el trámite está cumplido. 1 hora y 21 minutos, la travesía y el desembarco concluido. Corre, corre, corre, busca tus alforjas.
Calza las espuelas y cubre la testa con el yelmo, el sol despunta y el ciclo espera nervioso. Corre, corre, corre, monta al animal en el lugar indicado. La bota encaja en el estribo, la cala en el pedal, el sóleo en la biela. La carne se funde con el carbono y la máquina empieza a trabajar. Las manos acarician los cuernos de la bestia, la joroba marca el punto más alto de la sombra. Monótona cadencia hasta el inicio de la tortura, devorando asfalto y dejando atrás amigos y enemigos: no vuelvas la mirada, no ceses en tu empeño. Una explosión a pocos metros, un obús inesperado. Sales del cráter, 25 dientes contra el 12%. Sigue la tortura, un puerto, dos puertos, tres puertos,… escaladores especialistas, trapecistas extremos, tímidas sonrisas al pasar o al ser pasado, complicidad en el sufrimiento, compartiendo alojamiento en el Hotel Botero. Luego la ilusión del falso llano, el oasis era un espejismo. Y llega tu momento, para eso has sido llamado. Cogido abajo y escuchando los silbidos empiezas el descenso, TU DESCENSO: pero recuerdas palabras de alguien más sabio que tú y detienes las pedaladas, no sin pesadumbre… Acoplado al viento avanzas y avanzas y avanzas, y llegas al lugar en que Eolo se torna enemigo, dónde los malos pensamientos se reparten aleatoriamente entre los desprotegidos cerebros. No has cesado de ingerir alimento y líquido bajo la dictadura del computador, pero el músculo empieza a tener sus propios pensamientos revolucionarios. 6 horas y 37 minutos, más de media vida en la carretera.
Otra vez en la playa, deja la montura al escudero, corre, corre, corre, busca otro petate. Calza las botas de siete leguas y sal a correr. No pienses, sólo corre, corre, corre. O mejor piensa, piensa en el consejo de otro sabio, no debes nunca andar. Corre, corre, corre. Un kilómetro, y otro, y otro, y media vuelta. Caen los geles y los parciales, el brebaje reparador, el agua refrigerante en la gorra, el sol en lo alto. ¿Cómo vas? Misivas de los que te quieren y se preocupan, y se emocionan, y dan otro giro al paseo contigo, y tú lo das por ellos. Respondes que bien, o con un gesto, o con un grito o con una sonrisa. No llores, no puedes llorar, no debes llorar, corre, corre, corre. Anima a los moribundos conocidos, contágiate de los vivos para recuperarte, muere otra vez y vuelve a resucitar, muere y resucita… Corre, corre, corre. El final está cerca, la liberación del espíritu. La mano de tu hijo se une a la tuya, la alfombra azul está a la vista, las pulseras en la muñeca señalan el camino a la gloria. 4 horas y 10 minutos más, levanta en brazos al pequeño y grita lo que te plazca.
El fotógrafo inmortaliza el momento, detiene el tiempo por un instante. Alguien te felicita, se interesa, y otros cuelgan de tu cuello el medallón, acaso el símbolo de la Victoria, acaso el salario en oro del mercenario. Ahora puedes llorar, ahora sí puedes llorar, los Hombres de Hierro lloran pero nunca lamentan. Toda una vida en 12 horas y 30 minutos.
Lluís Mijoler
Niza, 27 de junio de 2010









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